Bruselas está estudiando la posibilidad de fijar metas de producción europea de hasta el 70% para ciertos bienes, como los automóviles, con el fin de priorizar los productos fabricados en la región y disminuir la dependencia de China. Según funcionarios familiarizados con un borrador legislativo que se presentará el 10 de diciembre, esta estrategia podría suponer más de 10.000 millones de euros anuales para las empresas de la UE, al obligarlas a adquirir componentes europeos más costosos.
La iniciativa, impulsada por el comisario francés Stéphane Séjourné, representa un avance en los esfuerzos de Francia por reforzar la fabricación interna en un momento en que la industria europea se ve debilitada frente a las importaciones asiáticas de bajo coste, especialmente en tecnologías limpias y algunos sectores industriales.
Un funcionario comunitario explicó que el alcance de la normativa se inspirará en los planes industriales chinos «Made in China 2025» y «China Standards 2035», que obligaron a las empresas extranjeras a asociarse con compañías locales para operar en su mercado. «Lo que buscamos es un equilibrio delicado entre la protección necesaria de nuestra industria y la apertura que forma parte del ADN europeo», señaló.
Países que antes mostraban reservas, como Alemania, consideran ahora que, dado el contexto económico, serían positivas reglas que impulsen la compra de productos europeos, lo que influiría especialmente en la automoción y en las tecnologías limpias, como los paneles solares. Tres funcionarios indicaron que se están discutiendo niveles de contenido europeo de hasta el 70% dentro del plan industrial, aunque las metas cambiarán según el peso estratégico del sector y su nivel de dependencia externa.
En el caso de los automóviles, por ejemplo, las ayudas estatales solo se otorgarían a los modelos que cumplieran los requisitos mínimos. Las baterías también tendrían que incluir un porcentaje de materiales europeos, según uno de los funcionarios. La medida se limitaría al uso de dinero público, es decir, a la contratación pública, préstamos estatales y subvenciones. Además, se evaluará la capacidad productiva de la UE para cada componente, apuntó otro funcionario.
La llamada Ley de Aceleración Industrial podría sufrir cambios o incluso atrasarse, debido a las diferencias dentro de la Comisión sobre ciertos aspectos. Según una fuente, el comisario francés pretende que la definición de «europeo» se restrinja a los países de la UE. La influyente Dirección de Comercio de la Comisión mantiene reservas sobre los porcentajes obligatorios de contenido local, impulsados por el departamento de política industrial de Séjourné.
Las normas de la Organización Mundial del Comercio, aunque contemplan excepciones por motivos de seguridad, generalmente impiden favorecer a los fabricantes nacionales. Los inversores para paneles solares, cuyos sistemas de apagado podrían considerarse críticos para la seguridad, tal vez deban producirse mayoritariamente en Europa bajo las nuevas reglas. «En esos casos se requiere un contenido local más elevado», afirmó un funcionario. No obstante, algunos temen que la fabricación europea pueda encarecer notablemente ciertos productos frente a sus equivalentes asiáticos, lo que incrementaría los costes para las empresas.
Como muchas importaciones sirven para ensamblar productos finales en la UE, como automóviles, el aumento de precios podría incluso expulsar algunos artículos del mercado. Los elevados costes energéticos y la presión arancelaria impulsada por Donald Trump han llevado a que empresas europeas dependan aún más de bienes chinos de bajo coste. En 2024, China fue el principal proveedor de tecnologías como paneles solares y biocombustibles a la UE, y el segundo en turbinas eólicas. Las industrias pesadas europeas, como la del acero, también han visto dificultado el mantenimiento de sus márgenes ante las importaciones asiáticas baratas.
Se prevé que la propuesta de la Comisión incluya obligaciones para que las administraciones públicas adquieran productos europeos y medidas para fomentar mercados pioneros en tecnologías limpias. Entre las ideas en discusión está una etiqueta voluntaria de «acero verde» destinada a incentivar la compra de acero europeo, con menores emisiones pero más costoso. Según un funcionario comunitario, es probable que el porcentaje del 70% se rebaje, ya que las negociaciones sobre las reglas de contenido local están resultando complejas.
(Expansión, 04-12-2025)






