El precio del dinero se mantiene en su nivel más bajo desde diciembre de 2022. Tras años marcados por una fuerte volatilidad, los próximos cambios en los tipos de interés serán, previsiblemente, ajustes moderados respecto a los niveles actuales. El ciclo monetario en la eurozona ha cambiado, y el Banco Central Europeo (BCE), tras su última reunión en Fráncfort, ha decidido mantener los tipos en el 2%, marcando así el fin de una etapa de fuertes oscilaciones.
Durante los últimos tres años, los tipos escalaron hasta el 4% como medida para frenar la inflación, pero posteriormente bajaron con rapidez, acumulando una reducción de 200 puntos básicos en tan solo un año. Sin embargo, esta fase de ajustes drásticos parece haber quedado atrás. Por primera vez desde mayo de 2024, el BCE opta por dejar sin cambios el precio del dinero, abriendo una nueva etapa de mayor estabilidad.
La institución considera que la inflación ya se sitúa en torno al objetivo del 2% que garantiza la estabilidad de precios, uno de los pilares de su mandato. En su comunicado, el BCE señaló: «La inflación se encuentra actualmente en el nivel objetivo a medio plazo. Las presiones internas han seguido disminuyendo y los salarios crecen a un ritmo más moderado». Christine Lagarde, presidenta del organismo, añadió: «Con los tipos actuales, creemos que es momento de esperar y observar».
A partir de ahora, el BCE prevé una política monetaria basada en pequeños ajustes, en función de la evolución de los datos económicos, y no en grandes movimientos. Por ello, insiste en que sus decisiones seguirán tomándose reunión a reunión, sin anticipar cambios al mercado, ya que el contexto sigue siendo incierto.
La institución ha advertido de que el entorno económico sigue marcado por una elevada incertidumbre, especialmente debido a las tensiones comerciales globales. A pesar de ello, resalta que la economía europea ha mostrado fortaleza, en parte gracias a los recortes previos de los tipos de interés.
Ahora, el debate se centra en si el precio del dinero ha tocado fondo. No hay consenso dentro del BCE: algunos miembros, más conservadores, creen que sería necesario un mayor deterioro económico para justificar nuevas bajadas. En todo caso, incluso los más favorables a políticas expansivas admiten que el margen para recortar tipos es ya muy limitado, y que estos podrían estabilizarse entre el 2% actual y el 1,75%, según cómo evolucione la inflación y los posibles avances en las negociaciones comerciales entre la UE y EE. UU.
Aunque Lagarde ha evitado comprometerse con futuros movimientos, ha enfriado las expectativas de un nuevo recorte en la reunión de septiembre, a pesar de que el mercado estimaba un 50% de probabilidad de que así ocurriera. La presidenta del BCE también ha puesto el foco en los indicadores de crecimiento económico, atribuyéndolos no solo al adelanto de pedidos ante una posible guerra comercial, sino también al repunte del consumo privado y la inversión. Según Lagarde, la economía «se está comportando como esperábamos, e incluso mejor».
Respecto al riesgo de que la inflación baje por debajo del objetivo del 2%, Lagarde ha minimizado su impacto, pese a que las previsiones del BCE apuntan a un 1,6% en 2026. Según ella, esta desviación es leve y no justifica una modificación en la actual estrategia monetaria, ya que el mandato del banco es simétrico y busca evitar desviaciones significativas tanto al alza como a la baja.
(Expansión, 25-07-2025)






