El pesimismo sobre la vivienda empeora la percepción del clima económico de los españoles

La tensión en el mercado de la vivienda está minando la forma en que los españoles valoran tanto su situación económica personal como la de su entorno. Y las razones sobran: los precios de compra se han encarecido hasta rebasar los niveles máximos de la burbuja inmobiliaria, mientras que los alquileres acumulan años de incrementos continuados sin señales claras de moderación. El resultado es un acceso cada vez más complicado a la vivienda y un creciente sentimiento de desaliento, tal como refleja el último Termómetro 5D elaborado por 40dB. para CincoDías y EL PAÍS. No solo se impone una visión claramente negativa sobre la vivienda, sino que el índice global de clima económico también retrocedió al cierre del año pasado, marcando su nivel más bajo desde que comenzó a publicarse en primavera.

El estudio de 40dB. se basa en encuestas trimestrales a 6.000 personas para medir cómo perciben los ciudadanos su realidad económica y sus expectativas en ámbitos como el consumo, el ahorro y la inversión, así como su entorno más cercano en relación con dos grandes variables macroeconómicas: la vivienda y el empleo. Las respuestas se traducen en una puntuación que va de 0, el máximo pesimismo, a 100, el máximo optimismo, y se sintetizan en el Índice 5D de clima económico. Entre octubre y diciembre del año pasado, este indicador se situó en 45,1 puntos, lo que refleja una expectativa estable, aunque prudente y cada vez más próxima al terreno del pesimismo moderado.

Todas las dimensiones analizadas -consumo, ahorro, inversión, vivienda y empleo- registraron peores resultados que en la primera edición de abril. La vivienda destaca de forma negativa, al ser la única variable que cayó en el rango de pesimismo intenso, con 28,6 puntos, tras un deterioro continuado en cada oleada de la encuesta. Más de la mitad de los encuestados considera que en su entorno hay menos personas con capacidad para comprar una casa que hace seis meses, una percepción especialmente extendida entre quienes tienen dificultades para llegar a fin de mes y entre los mayores de 60 años. En cambio, las generaciones Z y X, de entre 18 y 43 años, muestran algo más de optimismo: un 19% de los más jóvenes y un 12% del segundo grupo creen que ahora hay más personas en su entorno que pueden permitirse adquirir una vivienda.

La visión sobre el mercado laboral también es negativa, aunque de forma más moderada, con una puntuación de 42,6 puntos. Esta dimensión se mantiene similar a la de abril, pero es la que más se ha deteriorado respecto a la encuesta de otoño, con una caída de 2,1 puntos. Más de un tercio de los participantes percibe que hay más desempleo que hace seis meses, una sensación que se intensifica entre las mujeres, los menores de 27 años y las personas con dificultades económicas.

En este ámbito, la percepción ciudadana no coincide con los datos objetivos. Mientras que la vivienda se ha convertido, sin discusión, en una fuente de frustración y bloqueo, el mercado laboral presenta un balance positivo: el empleo alcanza máximos históricos y los salarios, aunque aún no han recuperado por completo el poder adquisitivo perdido durante el episodio inflacionario, muestran una mejora, especialmente en los tramos más bajos. Además, la economía en su conjunto mantiene un buen ritmo, con un crecimiento del PIB que triplica al de la eurozona.

Aun así, es habitual que las expectativas económicas se alejen de lo que dictaría un análisis estrictamente racional, ya que están condicionadas por experiencias pasadas y recuerdos recientes. Cuando se han vivido episodios negativos, es fácil anticipar desenlaces similares ante situaciones parecidas. Y el contexto reciente no invita precisamente a la confianza.

La incertidumbre se ha intensificado tras encadenarse en pocos años varias crisis y desafíos globales: una pandemia de alcance histórico, un repunte inflacionario en 2022 que llevó los precios a niveles no vistos en cuatro décadas y un giro hacia políticas proteccionistas que evocan escenarios de los años treinta. A estos factores se suman problemas internos como la inestabilidad política, la crisis de la vivienda o el lento avance de los salarios, además de las circunstancias personales de cada ciudadano, elementos que han pesado en el ánimo colectivo en los últimos meses.

Además de vivienda y empleo, el Índice 5D evalúa otras tres dimensiones de carácter más microeconómico. En concreto, pregunta si los encuestados prevén aumentar o reducir su consumo de determinados bienes y servicios en los próximos seis meses, así como si planean invertir o ahorrar más que en el semestre anterior. En todos estos ámbitos, el resultado apunta a un escenario de estabilidad, aunque con niveles inferiores a los observados en la primera edición del estudio.

(Cinco Días, 15-01-2026)