España ante el reto de la reducción de su fuerza laboral

¿Puede un mercado laboral mantenerse estable a pesar de una disminución en su fuerza de trabajo disponible? España está a punto de comprobarlo, ya que la tasa de actividad en la franja de edad clave, entre los 25 y 55 años, ha alcanzado su nivel más bajo de la historia. En 2024, este porcentaje cayó por debajo del 72%, cuando hace una década superaba el 80%. Este fenómeno, que afecta a todos los sectores, está vinculado al envejecimiento de la población activa en un modelo económico que se apoya en empleos de alta rotación y bajo valor añadido, especialmente en los servicios.

El concepto de «mano de obra» engloba tanto a personas empleadas como a desempleados en búsqueda activa de empleo. Mientras que la tasa de paro indica cuántos trabajadores potenciales están sin ocupar, la población activa refleja la capacidad total de la economía para emplear recursos humanos. En este sentido, el grupo de edad «prime», comprendido entre los 25 y 54 años, es un referente clave, pues agrupa a quienes están en el punto álgido de su vida laboral.

Esta clasificación parte de la premisa de que los menores de 25 años aún están consolidando su trayectoria profesional y los mayores de 55 suelen ocupar posiciones más estables con menor propensión a cambiar de empleo. Por ello, los trabajadores en la franja intermedia tienen un impacto más significativo en las tendencias del mercado laboral, especialmente en sectores caracterizados por la alta rotación y la necesidad de fuerza física, como la hostelería, la logística, la construcción y el comercio.

La reducción de la población activa en edad óptima implica una merma en la capacidad productiva del país. Aunque factores como el avance tecnológico, el aumento de la esperanza de vida y el retraso en la edad de jubilación pueden mitigar parcialmente esta tendencia, el problema del relevo generacional sigue siendo un desafío clave para el mercado laboral español.

Los datos muestran la magnitud del cambio. En 2006, la población activa de entre 25 y 55 años representaba el 77,8% del total, con 16,9 millones de personas. Pese a la crisis financiera de 2008, la inmigración contribuyó a que esta cifra siguiera creciendo hasta alcanzar los 18,7 millones en 2012, el 79,7% del total y el máximo histórico. Sin embargo, con la recesión económica y la fuga de talento, esta tendencia se revirtió. En 2025, la cifra ha descendido a 17,5 millones, representando solo el 71,9% del total, el menor porcentaje registrado.

Aunque una diferencia de ocho puntos porcentuales puede no parecer dramática, su impacto en un contexto de crecimiento económico y creación de empleo es significativo. La reducción de la mano de obra «óptima» limita la capacidad de las empresas para encontrar trabajadores adecuados, un problema especialmente relevante en un país que ha basado su competitividad en la abundancia de empleo a bajo costo.

En términos absolutos, el número de trabajadores en edad prime ha caído un 6,1% desde 2012, mientras que la población activa en general ha aumentado un 4,2%. La única noticia positiva es que la proporción de desempleados dentro de esta franja es la más baja desde 2007, lo que indica que quienes forman parte de este grupo están siendo aprovechados en el mercado laboral. Sin embargo, el problema radica en la reducción del margen disponible para las empresas.

El principal factor detrás de este fenómeno es el envejecimiento de la fuerza laboral. Mientras que la incorporación de trabajadores jóvenes ha crecido ligeramente (un 1,1% desde 2011), la población activa mayor de 55 años ha aumentado un 73%. Esto ha alterado la distribución por edades dentro del mercado laboral: el peso de los trabajadores jóvenes ha caído del 7,7% al 7,3%, mientras que el de los mayores de 55 años ha subido del 12,6% al 20,9%, alcanzando su punto más alto en la serie histórica.

Otro indicador preocupante es la tasa de actividad, que mide el porcentaje de la población total que está trabajando o buscando empleo. Aunque ha repuntado levemente en los últimos años, en la última década ha caído 0,8 puntos, situándose en el 58,8%, debido a un descenso en la participación de los trabajadores de entre 25 y 40 años. En cambio, la presencia de los mayores de 55 años ha crecido considerablemente.

Esta situación supone un obstáculo importante para la economía española, que ha basado su competitividad en el acceso a una amplia mano de obra en sectores como la construcción, el turismo, el comercio y otros servicios de baja cualificación. Aunque la mayoría de los sectores han generado empleo desde 2011, todos han experimentado una reducción en el número de trabajadores en la franja de edad prime.

Los sectores más afectados incluyen el empleo público, donde la proporción de trabajadores entre 25 y 55 años ha caído del 80,4% al 65,5%, así como el ocio, la cultura, el deporte, las inmobiliarias, el empleo doméstico y la hostelería.

El estrechamiento de la base laboral óptima y el envejecimiento de la población activa representan un desafío clave para el futuro del empleo en España. La necesidad de adaptar el mercado laboral a esta nueva realidad, incentivando la entrada de jóvenes y mejorando las condiciones para retener talento, será fundamental para garantizar el crecimiento económico y la sostenibilidad del sistema productivo en las próximas décadas

(El Economista, 04-03-2025)