El Gobierno ha activado ya el proceso de elaboración de los Presupuestos Generales del Estado para 2026, con la intención de diseñar unas cuentas de carácter expansivo, es decir, con un gasto público que crezca por encima del ciclo económico. Tras varias semanas de contactos internos y la publicación de la orden ministerial que marca el inicio formal, el Ministerio de Hacienda trabaja con los distintos departamentos en la definición de prioridades de ingresos y gastos, al tiempo que ha comenzado a sondear a algunos grupos parlamentarios. El objetivo del Ejecutivo es llevar al Consejo de Ministros en septiembre el techo de gasto y la senda fiscal que servirán de marco para el proyecto. «Soy discreta a la hora de negociar porque quiero que lleguen a buen puerto, y espero poder presentar cuanto antes las cuentas», señaló el viernes la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
Hacienda ya ha pedido a los subsecretarios de cada ministerio que presenten sus propuestas de gasto antes de este lunes, para que la próxima semana se inicie la negociación bilateral con cada departamento. El contexto económico actual -con un crecimiento sólido y una recaudación tributaria en aumento- permite al Gobierno plantear unos presupuestos expansivos que incluirán subidas en salarios públicos, pensiones, partidas sociales y gasto en defensa, además de canalizar los últimos tramos de los fondos europeos.
Aunque el Ministerio de Hacienda aún no ha concretado el límite de gasto no financiero, recuerda que la economía española avanza a mayor ritmo que la media de la eurozona, con un crecimiento del 0,7% en el segundo trimestre y una previsión del 2,5% en el conjunto del año. Los ingresos fiscales también mantienen una senda positiva: entre enero y junio subieron un 10% respecto al mismo periodo de 2024, impulsados por el consumo y el dinamismo del mercado laboral. Todo ello abre la puerta a repetir el patrón expansivo de los últimos ejercicios. En 2025, el techo de gasto se fijó en 199.171 millones de euros, aunque finalmente no se presentaron los Presupuestos debido a la falta de acuerdo político y la convocatoria electoral en Cataluña.
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ya avanzó hace un mes la orientación expansiva de las nuevas cuentas: «Mantenemos el equilibrio entre crecimiento y reducción del déficit y la deuda. Prevemos un déficit del 2,5% este año y un superávit primario. Eso nos permite seguir cumpliendo con nuestros compromisos sociales y de inversión, lo que significa unos Presupuestos claramente expansivos», explicó.
El Gobierno deberá afrontar varios compromisos inevitables, como la revalorización de las pensiones conforme al IPC, que en 2025 se prevé en torno al 2,5%, lo que se trasladará al aumento de las prestaciones contributivas, no contributivas y mínimas, así como al ingreso mínimo vital. A ello se sumará la previsión de subida salarial para los funcionarios. El último acuerdo (2022-2024) supuso un alza del 9,5%, y aún falta negociar las revisiones para 2025 y 2026, que podrían aplicarse con carácter retroactivo.
El gasto en defensa y seguridad también crecerá para avanzar en el compromiso con la OTAN de alcanzar un nivel de inversión equivalente al 2% del PIB. Este punto podría generar tensiones con los socios parlamentarios más a la izquierda. También se prevé un aumento en el coste por intereses de la deuda, pese a que la ratio sobre PIB seguirá reduciéndose.
El camino parlamentario será complejo. El primer paso será aprobar la senda fiscal y el techo de gasto antes de que acabe septiembre. El reparto del déficit entre administraciones -Estado, comunidades, ayuntamientos y Seguridad Social- será clave y, previsiblemente, la principal fuente de fricciones. Lo que se asigne a las autonomías será determinante para conseguir el apoyo de socios como Junts, que el verano pasado rechazó la propuesta junto a PP y Vox.
Y aunque se supere esa primera votación, quedará la negociación de los Presupuestos en sí, partida a partida, con unos aliados parlamentarios muy heterogéneos y difíciles de contentar. El éxito dependerá de que el Gobierno logre un equilibrio entre el refuerzo del gasto social y de inversión, la disciplina fiscal y las demandas políticas de cada grupo.
(Cinco Días, 15-09-2025)






