La semana laboral de cuatro días, sin recorte salarial, vuelve a situarse en el centro del debate social y político en España. Mientras el Ejecutivo ha aplazado su propuesta para reducir la jornada a 37,5 horas semanales, un nuevo estudio internacional, publicado este lunes en la revista Nature Human Behaviour, refuerza la idea de que trabajar menos días no solo es factible, sino también positivo para trabajadores y empresas.
El estudio, llevado a cabo entre 2022 y 2024 por investigadoras del Boston College y la Universidad de Dublín, evaluó la experiencia de 2.896 empleados de 141 empresas en seis países: Reino Unido, Irlanda, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Las conclusiones son contundentes: quienes pasaron a una jornada laboral de cuatro días, reduciendo al menos ocho horas semanales sin pérdida de salario, mejoraron en aspectos como salud física y mental, descanso, bienestar general y compromiso con el trabajo. Además, la productividad se mantuvo estable.
En términos generales, las empresas redujeron su media de horas semanales de 39,12 a 34,48, manteniendo el sueldo completo. Un 30,8 % de los trabajadores logró acortar su jornada al menos ocho horas; otro 24,3 % no vio cambios en su horario. Aun así, los beneficios fueron proporcionales al nivel de reducción: cuanto más se acortó la jornada, mayores fueron las mejoras reportadas.
Los empleados que trabajaron cuatro días experimentaron una bajada del 16 % en el agotamiento laboral, un 14 % menos de fatiga general y una reducción del 16 % en los problemas de sueño. También señalaron sentirse más satisfechos con su trabajo, en mejor estado de salud y más eficaces en sus tareas. Como comparación, un grupo de control de 285 trabajadores de 12 empresas que no adoptaron la medida mostró incluso un ligero aumento del 1,4 % en el agotamiento, lo que refuerza la relación entre la reducción de jornada y una mejor calidad de vida.
Las empresas participantes fueron asesoradas por la organización sin ánimo de lucro 4 Day Week Global, aunque esta no intervino en la recogida ni en el análisis de los datos. Esta predisposición voluntaria podría haber influido en los resultados, pero los hallazgos coinciden con otras experiencias previas, como el ensayo masivo en Reino Unido iniciado en 2023, con más de 200 compañías y 5.000 empleados involucrados. En todos los casos, los estudios indican que con una organización adecuada es posible mantener los niveles de productividad y, al mismo tiempo, mejorar el bienestar de las plantillas.
Pese a las limitaciones propias de cualquier estudio -como el uso de encuestas o la falta de asignación aleatoria-, las autoras concluyen que la evidencia es suficiente para plantearse la semana laboral de cuatro días como una opción viable y prometedora para el futuro del trabajo. «Nuestro estudio demuestra que tanto las empresas como los responsables políticos tienen margen para mejorar las condiciones laborales», subrayan.
En España, sin embargo, el avance es más lento. El Gobierno ha aplazado la tramitación de la ley para reducir la jornada a 37,5 horas debido a la incertidumbre política actual. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha reiterado su voluntad de sacar adelante la medida, aunque todavía no existe un respaldo claro ni en el ámbito político ni en el empresarial. Según el Barómetro del Consejo General de Economistas, el 62 % de los expertos teme una caída en la productividad y el 72 % considera que afectará negativamente a las pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, los datos internacionales apuntan a una reflexión necesaria: ¿es la reducción de jornada realmente inviable, o es que aún falta voluntad política y capacidad para adaptarse al cambio?
(El Periódico, 24-07-2025)






