El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reavivó este jueves por la noche su política arancelaria, que parecía haber quedado en segundo plano en las últimas semanas, al anunciar nuevas restricciones a las importaciones. En esta ocasión no se dirigió a países concretos, sino a productos específicos: los medicamentos que no se fabriquen en territorio estadounidense tendrán un gravamen del 100%; los muebles de cocina y los tocadores de baño, un 50%; y los camiones pesados importados, un 25%. Todas estas medidas, salvo cambios, entrarán en vigor el 1 de octubre.
Los anuncios se produjeron a través de su red social, Truth, sorprendiendo a buena parte del sector. Primero comunicó la medida sobre los camiones, justificándola «por muchas razones, pero sobre todo, ¡por seguridad nacional!». Poco después añadió los muebles de cocina y baño, sumando además un arancel del 30% a los muebles tapizados, con el mismo plazo de aplicación.
Hasta ahora, ninguno de estos productos parecía estar en el radar de Trump, que ya había impuesto o amenazado con imponer aranceles a un amplio abanico de bienes. En el caso de los fármacos, sí existían antecedentes: desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente había insistido en que las medicinas producidas fuera del país serían objeto de tasas más elevadas, aunque exceptuó a aquellas empresas que estén construyendo plantas en Estados Unidos.
El pasado verano, su Gobierno ya había aplicado un arancel del 15% a la mayoría de medicamentos procedentes de la Unión Europea, en el marco de una disputa comercial que tensó las relaciones entre ambos bloques. Tras el acuerdo alcanzado con Bruselas a finales de julio, quedaba pendiente la concreción sobre los fármacos. Entonces Trump insinuó que empezarían con impuestos reducidos que aumentarían hasta el 150% y 250% el próximo año. Sin embargo, el punto de partida ahora anunciado es más elevado de lo previsto inicialmente. Las medidas divulgadas este jueves se suman a los aranceles sectoriales que ya afectan a industrias como la del automóvil, el aluminio, el acero o el cobre, todos ellos gravados con un 50%.
De forma paralela, Trump mantiene los llamados aranceles «recíprocos», con los que, según él, responde a décadas de abusos comerciales contra Estados Unidos. Estos varían en función del país, a menudo sin un patrón claro. Por ejemplo, Afganistán, Nueva Zelanda y Ecuador enfrentan un 15%; Taiwán y Sri Lanka, un 20%; Irak y Suiza, un 35% y 39%, respectivamente; Myanmar y Laos, un 40%; y Siria, un 41%. Brasil es el país más castigado, con un 50% a todas sus exportaciones hacia EE. UU., en represalia por la condena a 27 años de prisión contra el expresidente Jair Bolsonaro, estrecho aliado de Trump, por delitos relacionados con un intento de golpe de Estado.
(El Economista, 26-09-2025)






